Torre de Belén

Fue guardiana de Lisboa durante muchos años

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La construcción de la Torre de Belém tuvo como objetivo defender el estuario del Tajo, formando parte de un vasto programa de reorganización general de las fuerzas de tierra y mar. Era un plan de gran eficacia y, durante décadas, no se registraron quejas de la población, antes víctimas de saqueos constantes de piratas y corsarios.

El proyecto inicial incluía como defensiva fija La Fortaleza de Cascais, la Torre Velha da Margem Sul y, frente a esta, la Torre de Belém. Equipadas con grandes cañones, el fuego cruzado representaba un obstáculo temible para cualquier navío hostil que intentase forzar la entrada en Lisboa. Se construyó con una nave de 1000 barriles, llena de numerosas piezas que completaban el dispositivo defensivo con una base de fuego móvil. Y, como quizás se pensase que aquello no era suficiente, también se fabricaron carabelas equipadas con armas de gran alcance, que estaban en posición, listas para intervenir si fuera necesario.

Con la evolución de los medios de ataque y defensa, la estructura fue perdiendo gradualmente su función defensiva original. A lo largo de los siglos fue utilizada como registro aduanero, estación de señal telegráfica, faro e incluso como mazmorra para presos políticos.

Inicialmente rodeada por las aguas en todo su perímetro y, desde 1983, considerada Patrimonio Mundial de la UNESCO, la Torre de Belém, es, sin duda, uno de los monumentos más expresivos de Lisboa.

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